domingo, febrero 17, 2008

I...Quizá yo, quizá muchas más...

Sentada frente a la computadora, el calor invadía su mundo... Mil preocupaciones se habían anidado en su cabeza y había perdido la pista del camino adecuado.
Pensando callada se había abandonado cuando el agudo dolor, ya común, de su cuello la hizo volver en sí:
-¿Qué haré ahora? Se volvió a cuestionar, más el dolor era terrible y la angustia tuvo que pasar a un segundo plano.

Se paró lentamente y bajó cada uno de los peldaños que separaban su habitación de la cocina de su casa, buscó los analgésicos que le eran obligados y los tomó con un amargo trago de agua.
-¿Para qué tomas esta porquería si no mejoras? Se reclamó a sí misma, mas la respuesta era obvia, ahora solo le quedaba confiar.

Las horas pasaron y quiso seguir trabajando, a pesar de que no le encontraba sentido con el final ya tan cercano. Aquel final que hasta ahora se había negado a aceptar, tenía pues un alma joven más que deseosa por seguir adelante, pero qué puede hacer esta si se haya encerrada en un cuerpo ya casi muerto.

Subió a su habitación y el calambre en las manos le indicó que no podría seguir escribiendo, ahora solo le quedaba recostarse un momento y rogar porque las nauseas no volvieran, con los dedos entumecidos le sería emposible girar la cerradura del baño. El calambre invadió la totalidad de sus extremidades. Nunca se había sentido tan desvalida y añoró más que nunca momentos añejados por años en su pensamiento. Momentos cuando era amada y protegida, cuando hubieron personas que le tendieron la mano, lloró también recordando a aquellas personas que tanto había lastimado y ahogando su llanto en un profundo suspiro ella se quedó dormida...

(Continuará)


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